
Las jornadas previas los partidos de Champions ya tienen estas cosas. Que los equipos salgan con la ley del mínimo esfuerzo y que todos sus estratos se dediquen a guardar: el míster estrellas, las estrellas repertorio y el reparto energía.
Todo eso y algo más ocurrió el sábado tras la chilena brasileña de
Ronaldinho, cuando los jugadores culés consideraron que ya se había trabajado lo suficiente, que el partido estaba acabado y los tres puntos en el saco. La sorpresiva maravilla de
Ronnie merecía los mejores calificativos, pero entre ellos no estaba el de gol de oro. No finiquitaba nada.
Olvidaron los azulgrana que se estaban jugando el cocido en casa de un necesitado equipo comandado por el
Romario del nuevo milenio, ese
Kun que se convirtió en pájaro de mal agüero para la melenuda pareja de centrales que vive instalada en la picota desde los centelleantes movimientos del menudo delantero argentino.
Si bien es cierto que, con un autogol en el primero, un penalty en el tercero y una fatal pérdida de balón en el cuarto, la catástrofe acompañó el regreso de
Puyol al eje de la defensa, no son del todo justas las desaforadas críticas que ha recibido
Gaby Milito, que estuvo vendido por
Abidal en los dos primeros goles y por el de la Pobla en el cuarto.
No es menos cierto que una vez encarado por
Agüero en el mano a mano su compatriota le ganó siempre la partida. Y es que el
Kun que explotó el sábado ante el Barça representa la mejor réplica argentina del brasileño
Romario, ese maravilloso jugador que los ojeadores de
Gaspart creyeron ver reencarnado en
Saviola.
Con un centro de gravedad tan bajo como
O baixinho, y una definición a la altura de los más grandes, el argentino representa para el Atlético lo que debían haber sido en su día
Hugo Sánchez o
Raúl González de no haber cogido la Castellana antes de sentar cátedra rojiblanca. Veremos si con el Kun están tan rápidos unos y tan torpes los otros. Los nuevos males del pupas pueden empezar ahí.
Pero cerremos nosotros en clave Liga -o sea, Madrid-Barça- la crónica de la jornada en que el árbitro contribuyó al demarraje blanco por la liga concediendo un gol ilegal tres días después de que su jefe se enfundara la elástica madridista. Tienen la misma validez los dos conceptos que con tan mala idea he relacionado como los cansinos argumentos del supuesto villarato culé cuando los vientos soplan en contra.
Acostumbrémonos todos a aceptar que los árbitros benefician con sus errores a los dos grandes por igual, y centremos nuestros análisis en los méritos y culpas de los mejor pagados de cada partido: jugadores y entrenadores. Ahí debemos encumbrar esta semana la decisiva magia de
Robinho, bálsamo madridista para superar la minicrisis en la visita a la peor de sus plazas, Andalucía, y denunciar la contemporización de un Barça que pretende recoger el trébol sin doblar el espinazo.
Tanta culpa del desastre del Manzanares tiene la absoluta desidia de sus jugadores como las dudosas rotaciones de su entrenador. Priorizó
Rijkaard Champions y Copa a Liga y Calderón, y lo pagó con una de las peores imágenes ofrecidas por su equipo en mucho tiempo, quizás sólo a la altura del triste clásico contra el Madrid y el estropicio liguero en Getafe. Mal asunto para el Barça tocar fondo ante los tres equipos de la capital.
DRAGONES baloncestísticos como los jugadores de AXA Barça y Los Angeles Lakers le enderezaron a uno en domingo un finde que el cuero del fútbol había torcido en sábado. Lo hizo a partir de la generosa defensa el equipo de
Pascual, que sigue supliendo con esfuerzo e inicial mentalización su falta de fluidez en ataque. No obstante, la buena imagen ante Akasvayu -con unos números de
Marc muy parecidos a los que acabaría completando su hermano
Pau unas horas después- invita al optimismo de un Palau necesitado de alegrías.
Bien distinto fue lo de los Lakers, que jugaron en el ilusionado Staples Center ante los nuevos Mavericks de
Jason Kidd (4 victorias y 3 derrotas desde la llegada del jerárquico base) su peor partido colectivo con
Gasol en el equipo. Pero claro, es en días como este cuando surge esa maravilla de jugador que es
Kobe Bryant, el mejor de la liga y gran aspirante a MVP de la temporada. Superó los 50 puntos, se hizo con 11 rebotes, completó un 65% en tiro y estuvo en todos los balones clave del partido. Tanto para jugárselos -y anotarlos- cuando la posesión era propia como para capturarlos cuando todo (balón, posesión y partido) estaba en el aire.
Victoria frente a Dallas a pesar de la mala defensa, poca aportación de la intendencia, bajísimos porcentajes del perímetro (7 de 29 entre
Fisher, Vujacic y
Farmar), un
Gasol regularcillo y
Bynum,
Ariza y
Mihm todavía en la enfermería. Grandes noticias para
Phil Jackson.
MAZMORRAS para el presentador de los deportes en las noticias de
Cuatro Manu Carreño, por no mentir este mediodía sobre las nulas opciones que tuvo el Barça de ganar el partido del Calderón como sí hizo tras el 1-1 del Barça ante el Valencia en Copa. Aseguró ese día que por ocasiones había sido un partido de 3-3 o de 4-4.
A no ser que tuviera en su poder unas inéditas imágenes en las que se viese a
David Villa más allá de la linea de 6'25 en el momento de impactar a la pelota cuesta entender que advirtiese tres o cuatro posibles goles valencianistas en un partido en el que los de
Koeman remataron una sóla vez a la portería de
Victor Valdés.